CON LA MIEL EN LOS LABIOS
Así se podría definir la dulzura con la que Mari Cruz nos estuvo hablando de las abejas y su mundo el sábado pasado en Cueva.
La gente del pueblo, y alguno más que se pudo acercar, tuvimos la fortuna de que compartiera con nosotros sus conocimientos, a lo largo de toda la jornada, como a ella le sale del alma, de una forma no profesional con lo que ganó toda la jornada en cuanto a cercanía y naturalidad.
Por la mañana empezaron a preparar algo de repostería (con miel y más ingredientes que trajo ella).
Por la tarde , comprobamos cómo esta mujer era capaz de vencer el cansancio, acumulado durante la mañana, contestar a los niños (que no eran muchos) y mayores con una paciencia a toda prueba, admitir consejos o sugerencias de otros apicultores, incluso de cómo se sobreponía a los nervios de su “primer directo” y además nos enseñara a hacer velas.
Afortunadamente, todavía es posible encontrar personas que hagan las cosas sin ánimo de lucro; simplemente con la intención de dar a conocer y compartir con los demás algo que, por uno u otro motivo, a ellas les fascina hasta el punto de amarlo.
Eso explica que una mujer como Mari Cruz, con una edad en la que muchas personas huyen de cualquier complicación, viniera desde un pueblo de Soria, con su hija (también Mari Cruz) que vive en Torrejón de Ardoz y acompañadas de un par de amigas suyas, para dar su PRIMERA CHARLA EN PÚBLICO, totalmente gratis y en un pueblo como Cueva, que no es precisamente conocido en el resto de la geografía nacional.
Mucho más meritorio lo hace el momento en que lo ha hecho el hecho de que su salud no está todo lo bien que fuera de desear y ha sufrido una serie de reveses de distinta índole. Eso explica la introducción que nos hizo cuando hablaba de “...quemar las cosas malas y soplar sus cenizas...”.
Si lo reflexionamos un poco, la moraleja más importante y parafraseando parte de un anuncio es que “Hay cosas que el dinero no puede comprar...” y se pueden hacer, como así sucedió, aunque no resulten perfectas.
En Cueva lo hemos comprobado el sábado anterior y, termino como empecé, no creo que ninguno de los presentes nos quedáramos con la miel en los labios.
