Hola,
de nuevo en el
blog, comenzando el año 2014 con la paciencia entera y las ilusiones
puestas en él intactas todavía.
Desde
aquí, en la medida de lo posible, seguiremos dejando constancia de
las cosas que hagamos, opiniones, inquietudes y de lo que vaya
surgiendo.
De
momento, un resumen de lo que ha pasado en nuestro pueblo desde el ya
lejano puente de la Constitución hasta la noche de reyes.
El
7 de diciembre,
sábado, tuvo lugar “La
clásica de los huevos”. Con
este nombre rebautizó J. Pascual a la jornada navideña de años
anteriores. Todo porque el año pasado él y yo subimos corriendo
desde Burgos, montamos el belén y la estrella que dan ambiente
navideño al pueblo y en la escuela comimos unos huevos con patatas
fritas y picadillo. Este año volvimos a repetir, uniéndose a la
carrera desde Burgos Alfredo, Andrés y J. Martín (estos dos se
volvieron antes) e intentamos que desde S. Millán lo hiciera alguno
más, como así fue pero nos faltó coordinación con Sara y Luismi
que no nos vieron y echaron a correr por la carretera y Javi que
llegó algo tarde y nos lo encontramos por el camino, por eso no
están en la foto. Con Isma, Marian, Andrea y Edurne no ocurrió lo
mismo; allí nos estaban esperando.
La
novedad consistía en que se iban a comer pronto los huevos con el
picadillo y las patatas fritas (fue mientras comíamos que se le
ocurrió a Jesús el nombre), dejando para después montar el belén,
con la esperanza de que hubiera más niños (y sus padres) en esto de
adornar el pueblo y cantando villancicos.
Como
la mayoría de las actividades que se hacen en Cueva, hubo un
ambiente fenomenal y ninguno puso caras raras a la propuesta de
repetirlo en años venideros; no en vano, se ha puesto el nombre de
“La clásica de los huevos” y eso le da un empaque que cualquiera
se arriesga a no inscribir su nombre en la lista de participantes de
tan prestigiosa carrera.
El
14 de diciembre, tenía
reservado para Cueva un papel destacado en la celebración de la
Marcha Solidaria organizada por Ibeas.
Desde
nuestro pueblo salían aproximadamente 90 ciclistas, 20 corredores y
150 andarines. Por circuítos diferentes, iban a recorrer distintos
pueblos de nuestro municipio y a su regreso debíamos estar
preparados para agasajar a los participantes con lo que había
dispuesto la organización. Nosotros nos encargamos de hacer los
pinchos de chorizo y morcilla, de Ibeas llegaron con un perolo de
sopas de ajo, había bebida y cortezas.
Lo
que más trabajo nos llevó fue el asunto de los pinchos porque desde
aproximadamente las 11 de la mañana hasta las 14:30h los
participantes en las distintas modalidades de la marcha iban llegando
a cuenta gotas. Era necesario que organizarse y coordinarse muy bien
porque no se podían hacer (ni sacar) todos los pinchos a la vez y
había que estar muy atentos de que no faltaran pero que tampoco
sobraran para que no se quedasen fríos, Total, que de tanto hacer
viajes del horno a la bolera y de la bolera al horno, a las
zapatillas les dimos buen tute.
En
otro orden de cosas, resultó llamativo ver cómo llegaban de barro
los ciclistas y sus bicicletas. Prácticamente llenaban el juego de
bolos haciendo cola para limpiar todo ese barro con la máquina de
agua a presión que nos dejó Jesús Cubillo (en este pueblo no hay
más que Jesuses); si no llega a ser por eso, todavía están lavando
bicicletas. Para que os hagáis una idea, a causa del barro, hubo
bastantes averías en los cambios, frenos, etc…
Por
si este follón fuera poco, quedaba el asunto de la comida, del que
también nos encargábamos, acogiendo en la escuela a unas 80
personas que comieron una olla podrida (cocinada por J. Pascual),
postre, café y tigretones.
La
jornada fuera un éxito. Climatológicamente hizo el mejor día de la
semana, que es muy importante. En lo que nos toca, los cuevachos
estuvimos en nuestra línea, dejando el listón muy alto por nuestra
implicación y capacidad de organización. Y no es que lo diga yo, es
lo que nos han transmitido desde la organización.
Ya
pasamos al 31 de
diciembre y a la
participación de cuevachos y simpatizantes en la San Silvestre de
Burgos.
Espectacular.
Casi se llena la lista porque nos apuntamos 29 a correr y luego
estaba la lista alternativa del Desigual, que son los animadores con
los que al finalizar tomamos una copa de champán. No quiero dejar
pasar la ocasión para mencionar que las chicas brindaron “por la
Behobia”.
Después
de cenar, empezamos el año comiendo las uvas en la escuela y luego
música. También se cumplió con la cita anual que muchos tienen con
la báscula, que este año se libró de dar con sus muelles en el
río.
Y
ya llego a la noche de reyes…que
empieza varios días antes porque hay que comprar lo necesario para
la cena, los juegos para los niños que se han apuntado, los detalles
que ser sortean… preparar la cena, el bingo…Un buen jaleo.
Quiero
mencionar a Ana Mari, que nos regaló las bolsas con las chuches y el
carbón dulce para los 16 niños que se habían apuntado. Además del
ahorro económico que eso significa está el ahorro de tiempo para
los que se encargan de las compras. También reconocer la disposición
de los chicos que, en cuanto se les dijo, ayudaron sin dudar, lo
mismo que Pablín, Bernardo o Santi, siempre dispuestos a ir con el
tractor.
La
cena, que no cambia de menú ni de precio desde hace bastante tiempo,
estaba riquísima. De este año destacaría que de las 65-70 personas
que estábamos cenando había más de fuera que de Cueva. No se qué
lectura hacer.
Por
lo demás, todo salió más o menos según lo previsto. Para no
tardar tanto repartiendo los regalos, se llamó a los niños de tres
en tres y cada rey le entregaba el juguete, el carbón y las chuches
a uno, en lugar de pasar cada niño por los tres reyes para que cada
uno le diera una cosa.
Del
bingo, poco puedo decir puesto que apenas estuve. La escuela llena
hasta la bandera. Sé que hubo que esperar un rato para empezar pero
Roberto, con su maestría habitual, hizo más llevadero el retraso.
Y
poco más… bueno, no, me queda decir que el día de reyes por la
tarde, quienes pudimos, estuvimos sacando mesas, sillas y alguna
bebida de la escuela que ya habían dejado recogida los chicos,
recogiendo y fregando el horno, repartiendo a la gente del pueblo las
sopas de ajo que sobraron la noche anterior y también quedamos el
sábado 11 para recoger los adornos navideños. Es que cuando
hablamos de estos momentos de fiesta, casi nunca se menciona el
trabajo de recoger que queda después y no es justo.
Para
terminar ¿alguien adivina qué vamos a hacer después de recoger? Ya
os lo digo: comer los filetes que sobraron de la noche de reyes y que
guardó Tere en el congelador. No me digáis que no era fácil la
respuesta.