miércoles, 29 de enero de 2014

UNA MAÑANA BIEN APROVECHADA




El domingo casi todos los andarines habituales de Cueva más unos amigos de J. Pascual y sus hijas, quedamos para hacer la ruta que va desde Ura hasta Castroceniza. Andrés iba un poco tocado porque tenía un dolorcillo de cabeza que él atribuía a la vida sana que llevó la noche anterior.
A ratos camino, a ratos sendero, el trayecto discurre por el desfiladero del Río Mataviejas (a saber el por qué de este nombre).
El recorrido no presentaba ninguna dificultad, algo que ya intuíamos, y era corto; esto permitió que estuviesen con nosotros Elena y sus amigas aportando alborozo a la expedición.
Con sol, entre buitres, rocas, fandanguillos y alegría llegamos a Castroceniza. Llama la atención la cantidad de tejados y construcciones derruídas que hay.
Allí almorzamos, y a Andrés, gracias a la aceiterilla que llevaba, se le pasó el dolor de cabeza. Un poquito de charla y regreso a Ura. Climatológicamente, la mañana empezaba a empeorar ligeramente.
Más de uno se estará preguntando ¡¡¿¿esta vez no tenían comida???!!. Pues no, pero había plan alternativo porque nos acercamos a Covarrubias, donde se celebraba el fin de semana de la matanza, con la intención de meternos al cinto un par de pinchos.
Estábamos en ello, de hecho teníamos los coches aparcados, hueco en la barra de un bar y casi toda la lista de lo que íbamos a beber, cuando surgió que no podíamos dejar de ver una ermita del S. XXI, ubicada en el paraje de los Sabinares del Arlanza, erigida en honor de San Olav.
Es una construcción digna de ver y, lo mejor con diferencia, tuvimos la suerte (por eso nos marchamos apresuradamente del bar) de que un guía nos explicó todo lo concerniente a la ermita de forma muy amena. Un lujo.
Pues nada, con un poco más de conocimiento en la cabeza nos volvimos a Covarrubias. Ya no había tanto sitio para los coches y en la barra del bar del que nos habíamos marchado para ver el monumento ya no cabía un alfiler. Allí nos estábamos deleitando con la consumición cuando llegó una charanga (que se puso justo al lado nuestro) a poner la nota musical de la mañana. Andrés conocía a uno de los músicos ¡este hombre conoce gente en todas partes!
Un pincho más tarde, en otro bar del pueblo, dudábamos de acercarnos a visitar (o no) un pueblo hecho a escala en Quintanilla del Agua. Finalmente no lo hicimos porque íbamos a fastidiar a la persona que lo enseña, dado que eran las tres de la tarde. De manera que a los coches y cada mochuelo a su olivo.
Llegamos a casa a eso de las cuatro habiendo hecho, desde las 10 de la mañana, turismo senderista, turismo cultural, turismo gastronómico y turismo musical, todo, sin ningún tipo de prisa ni de agobio.

No me digáis que no fue una mañana completita.
Para ver las fotos pinchar el enlace de abajo

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