Llevo años ayudando en un comedor social que, por desgracia, cada vez está más lleno. Como todos, intento aportar mi granito de arena a un mundo más justo.
Seguiré haciéndolo a pesar de tener la creencia de que esta situación no se arreglará hasta que las personas que tienen poder de decisión estén convencidas (¡menuda quimera!) de que no haría falta caridad si hubiera un reparto más equitativo de los recursos del planeta, entre ellos los alimentos, y un respeto por la soberanía alimentaria (Gustavo Duch y Carlos Taibo son dos buenos referentes).
Al hilo de lo que he dicho, os invito a leer los siguientes extractos de una noticia del diario El País tras la visita de “mandamases” europeos a Lampedusa; la muerte de más de 300 personas que, huyendo de la pobreza extrema, pretendían llegar a esa isla, era el motivo por el que estaban allí:
“…solo ante la insistencia de la aguerrida alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, los mandatarios aceptaron modificar el programa y visitar el centro de acogida para inmigrantes situado al otro lado de la isla…”
“…Oiga", vino a decir, "¿y de esos 30 millones de euros no tendrán mil euros para comprar dos tiendas de campaña, de esas que usa el Ejército o la Protección Civil, para que los refugiados no sigan pasando frío y mojándose?..."
“…Angelino Alfano, que además de vicepresidente es ministro del Interior, ensayó una respuesta, visiblemente molesto, incluso enfadado con el autor de la pregunta. Pero no fue capaz de darla. Dijo no sé qué de un contrato que ganó una empresa y recurrió otra y la burocracia italiana….”
Y todavía hay quién piensa que vienen en un viaje de placer…
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