martes, 15 de mayo de 2012


CAMINANDO BAJO LA LLUVIA...
         ... que no cantando como la canción de Fred Astaire, nos fuimos 6 valientes a hacer la ruta programada.
         ¡ Y pensar que la habíamos suspendido anteriormente por amenaza de mal tiempo! En esta ocasión la amenaza dejo de ser tal para convertirse en una húmeda y ventosa realidad que nos acompañó durante todo el trayecto.
         Sí es verdad que cuando salíamos dejamos abierta la posibilidad de hacer más corto el trayecto, vista la cantidad de agua con que nos obsequiaba el día, pero una vez metidos en faena esa posibilidad quedó en agua de borrajas o papel mojado.
         Los estupendos momentos que brinda un paseo en buena compañía compensan, con creces, adversidades aparentemente grandes.
         Los parajes ya los conocíamos, por lo tanto, no puedo describir sus excelencias porque sería redundar. Sólo destacar que hasta llegar a San Adrián, aún tuvimos tiempo (y ganas) de hacernos alguna foto en refugios de pastores…
         Antes de llegar al único tramo que anduvimos por carretera, probamos a atravesar alguna tierra; en la primera intentona nos dimos la vuelta cuando vimos que el barro nos llegaba a los tobillos demasiado pronto. Unos metros más adelante lo conseguimos, en buena parte, porque el riesgo estaba al final, no al comienzo.
         Y llegamos a Santa Cruz, al bar para ser exactos, donde repusimos fuerzas. No deja de sorprender la rapidez con que comimos los bocatas puesto que no parábamos de charlar ¡Cualquiera diría que no habíamos articulado palabra durante todo el camino! Mientras tanto la perra de la expedición quejándose (con razón) de su suerte en la calle.
         Se terminó el recreo, nos pusimos otra vez el traje de faena y emprendimos camino de regreso a Cueva.
         Durante todo el trayecto, la lluvia y, sobre todo, el viento, se hicieron  bastante más pertinaces, hasta el punto de llegar a ser un tanto cansinos, pero el único inconveniente fué que teníamos que elevar el tono de voz para poder entendernos.
         Y llegamos a Cueva, donde nos esperaba una ducha calentita y reponer parte de los líquidos perdidos en el bar.
Para rematar la faena sólo nos faltaba la comida en el horno y la sobremesa, en la que estuvimos ultimando los preparativos para el fin de semana de la Romería de San Gregorio.
Como protagonistas de la caminata, Alfredo, Cristina, la perra Albar (creo que se escribe así), Pili, Marian, Jesu y Jesús Pascual, éste por partida doble ya que el día anterior había dejado preparada la comida para el grupo.
         Entre bambalinas, el fogonero del grupo, Jose, que nos tenía el horno calentito cuando llegamos.
         Mención a la bota de vino, cuya aportación fue testimonial; apenas un par de tragos que le dieron Alfredo y Jesús.
         Y colorín colorado, el resumen de esta marcha se ha acabado.
    
                                

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