miércoles, 15 de mayo de 2013

INOLVIDABLES FIESTAS DE SAN GREGORIO


Una vez más, en Cueva se ha evidenciado que el dinero no lo es todo y, si me apuras, se reduce a la mínima expresión cuando entre las personas existe un espíritu de colaboración poco común en los tiempos que corren y la sociedad en que vivimos.
            Bien es verdad, y lo he dicho en alguna otra ocasión, que en nuestro pueblo se dan las circunstancias que lo posibilitan: personas con iniciativa proponiendo actividades y cómo éstas se llevan a cabo gracias al trabajo y la participación de buena parte de los cuevachos, llegando, si es necesario, al patrocinio económico de los “agentes sociales” del pueblo.
            El caso es que, además del duro e invisible trabajo de organización y coordinación, pudimos ver cómo el personal se ponía en marcha para preparar la fiesta desde los días previos; trabajando en el circuíto para la exhibición de automodelismo, haciendo los harinatos, disponiendo la sala, la escuela, la iglesia y la ermita para los actos que iban a albergar, procurando tener todo lo más a punto posible para evitar prisas de última hora…así hasta que llegó el fin de semana de S. Gregorio.
            Dicen que las fiestas se conocen por las vísperas. No recuerdo haber tenido unas como las del sábado en todos los años que llevo en el pueblo.
            Sin desmerecer al resto de actividades, destacan por encima de todo dos:
Primero, el aperitivo que la ASOCIACIÓN ofreció al pueblo acompañado de una proyección de fotos “añejas” y otras más donde, como dijo Jesús, se puede comprobar que Cueva es un pueblo muy dinámico.
Y segundo, el baile con música en directo que patrocinaron  EL AYTO. DE CUEVA Y LA CANTINA. Según me han dicho, fueron unas tres horas las que estuvieron tocando; no lo sé porque no suelo llevar reloj. Si sé que todos los que allí estábamos disfrutamos de lo lindo, llegándose a formar parejas de baile que nadie hubiera imaginado.
A medida que pasaba el tiempo, la escuela, que de comedor se había convertido en sala de baile (con “rincón del cuevata” incluído), iba impregnándose del entusiasmo, alegría y unión, que irradiábamos todos los presentes.  Para los más nocherniegos quedó el karaoke.
Y llegó el día de la romería. Tras las prisas iniciales con los preparativos de la barra, etc. arrancó la procesión y, a su regreso, las personas que se acercaron a tomar esa bebida y pinchos a precios populares, pudo contemplar algo realmente espectacular: ¡¡Nada menos que 11 de las 19 personas (dos jubilados incluídos) que nos pusimos a la faena eran chicos jóvenes!! Escuché varios comentarios de admiración en este sentido.
Por la tarde ya sólo faltaba la velada de teatro. Una divertida obra, con una excelente representación, que se vio refrendada por los aplausos del público que abarrotaba la escuela, que había sufrido su tercera transformación en menos de 24 horas.
En resumidas cuentas, y vuelvo donde empezaba, han sido unas fiestas que no olvidaremos, por la diversión, participación, cantidad de actos programados, y donde el dinero (por lo poco que han costado) muy poquito ha tenido que ver.

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