Una vez más, en Cueva se ha evidenciado que el dinero no lo
es todo y, si me apuras, se reduce a la mínima expresión cuando entre las
personas existe un espíritu de colaboración poco común en los tiempos que
corren y la sociedad en que vivimos.
Bien es
verdad, y lo he dicho en alguna otra ocasión, que en nuestro pueblo se dan las
circunstancias que lo posibilitan: personas con iniciativa proponiendo
actividades y cómo éstas se llevan a cabo gracias al trabajo y la participación
de buena parte de los cuevachos, llegando, si es necesario, al patrocinio
económico de los “agentes sociales” del pueblo.
El caso es
que, además del duro e invisible trabajo de organización y coordinación, pudimos
ver cómo el personal se ponía en marcha para preparar la fiesta desde los días
previos; trabajando en el circuíto para la exhibición de automodelismo, haciendo
los harinatos, disponiendo la sala, la escuela, la iglesia y la ermita para los
actos que iban a albergar, procurando tener todo lo más a punto posible para evitar
prisas de última hora…así hasta que llegó el fin de semana de S. Gregorio.
Dicen que
las fiestas se conocen por las vísperas. No recuerdo haber tenido unas como las
del sábado en todos los años que llevo en el pueblo.
Sin
desmerecer al resto de actividades, destacan por encima de todo dos:
Primero, el aperitivo que la
ASOCIACIÓN ofreció al pueblo acompañado de una proyección de fotos “añejas” y
otras más donde, como dijo Jesús, se puede comprobar que Cueva es un pueblo muy
dinámico.
Y segundo, el baile con música en
directo que patrocinaron EL AYTO. DE
CUEVA Y LA CANTINA. Según me han dicho, fueron unas tres horas las que
estuvieron tocando; no lo sé porque no suelo llevar reloj. Si sé que todos los
que allí estábamos disfrutamos de lo lindo, llegándose a formar parejas de baile
que nadie hubiera imaginado.
A medida que pasaba el tiempo, la
escuela, que de comedor se había convertido en sala de baile (con “rincón del
cuevata” incluído), iba impregnándose del entusiasmo, alegría y unión, que
irradiábamos todos los presentes. Para
los más nocherniegos quedó el karaoke.
Y llegó el día de la romería. Tras
las prisas iniciales con los preparativos de la barra, etc. arrancó la
procesión y, a su regreso, las personas que se acercaron a tomar esa bebida y
pinchos a precios populares, pudo contemplar algo realmente espectacular: ¡¡Nada
menos que 11 de las 19 personas (dos jubilados incluídos) que nos pusimos a la
faena eran chicos jóvenes!! Escuché varios comentarios de admiración en
este sentido.
Por la tarde ya sólo faltaba la
velada de teatro. Una divertida obra, con una excelente representación, que se
vio refrendada por los aplausos del público que abarrotaba la escuela, que
había sufrido su tercera transformación en menos de 24 horas.
En resumidas cuentas, y vuelvo donde
empezaba, han sido unas fiestas que no olvidaremos, por la diversión, participación,
cantidad de actos programados, y donde el dinero (por lo poco que han costado)
muy poquito ha tenido que ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario